EXCMO. SR. ALCALDE
SRES. CONCEJALES
SR. PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS
FAMILIA TRIGO CERVERA
SEÑORAS Y SEÑORES
AMIGOS Y AMIGAS


Pueblo vestido de Sol
y adornado de Infinito
Pueblo donde yo soñé
con la luz del Paraíso

LORA DEL RÍO A SU POETA UNIVERSAL
JUAN CERVERA
6. JUNIO. 2004


Palabras pronunciadas por José González Carballo, Presidente de la Agrupación Cultural Amigos de Lora.


Juan Cervera tiene desde hoy en su pueblo, Laurel a orillas del Agua Dulce, vida eterna en un bronce, bajo dos altas palmeras y los naranjos en flor de esta Plaza Nueva, y la dulce melodía del canto de los pájaros como ha escrito Antonio Burgos.

Con el patrocinio de nuestro Excmo. Ayuntamiento, su busto en bronce, obra del escultor Germán Pérez de Vargas, inmortaliza ya al poeta y su obra, por sus méritos, toda una vida dedicada a la creación literaria y al periodismo, precisamente aquí, en uno de los lugares de Lora más recordados por el homenajeado, la popularmente llamada Placita Nueva, hoy rotulada de Andalucía.

Nuestro poeta ya la dejó marcada (Tiempo de Lora, 1989, p. 21):

Por la Plaza del Reloj
busco mis horas perdidas
y en la Plaza Nueva rondo
huellas de lunas antiguas.

Las lunas de aquellas noches interminables, en las que Juan, en los bancos de esta Plaza, solo o reunido con sus entrañables amigos, daba rienda suelta a su entonces incipiente vena poética.

Como todos sabemos, Juan Cervera, actualmente figura destacada y reconocida, dentro del panorama poético actual, de la denominada auténtica poesía, reside en México desde 1968. Es poeta universal y loreño lejano, en efecto. Pero siempre próximo a su Lora del alma, cuidando como un tesoro su memoria viva, inseparable de la de todo un pueblo, de la que emana su inspiración loreña.

En ella quiero apoyarme para justificar este loable y justo reconocimiento hacia su persona, materializado en este busto de bronce, convencido, al igual que nuestro ilustre paisano Rogelio Reyes Cano (Contraseñas, 1981, pp. 9-10), de que, fuera de la propia tierra, la seña de identidad loreña ha enriquecido su verso, se ha universalizado en el cauce de la poesía, y se ha hecho lenguaje capaz de hablar a todos los hombres.

De su libro Agonía del Azúcar (1973, p. 50), tomo estos versos:

Érase un pueblo, digo, que es el mío
y del que os dejaré en mi testamento
la lluvia, las estrellas, el rocío,
sus callejas, los árboles, el viento.

Fiel a su promesa, queridos amigos y amigas, nuestras almas y nuestras imágenes han estado y siguen estando con Juan cada día y cada noche, prevaleciendo en una parte importante de su amplia producción poética el tema de su tierra natal, Lora del Río, su patria más profunda, la de su juventud, que el poeta no sólo nos ha legado sino que también ha proyectado hacia el exterior.

Pueblo siempre evocado, el nuestro, al recrear Juan sus calles, sus alrededores, los tiempos y la gente, y las cosas que se nos fueron, y que él ha sabido atrapar con éxito en la musicalidad de un verso o en la sencillez de la prosa, para que no se perdieran del todo, dándonos la posibilidad de ir, ahí está su libro Tiempo de Lora, al reencuentro con nosotros mismos.

Escuchad, si no, este poema suyo titulado La Muralla (Tiempo de Lora, p. 29):

¿Qué pasó con la Muralla
que en el Barrio de Sevilla
nuestra historia recordaba?.

La taberna de Beatriz,
que a la Muralla miraba,
¿sigue abierta o se cerró?.

No sé por qué pienso en almas
que ya se fueron y sueñan
frente a la vieja Muralla.

Con su carga de ramón,
un burro de orejas blancas,
cruza la tarde en declive
frente a la rubia Muralla.

Estoy viviendo en ayer,
y aunque la historia es lejana
todo revive en mis ojos
la emoción de la Muralla;
aquella emoción de piedra
que tanto nos fascinaba.

¿Qué pasó, díganme, amigos,
qué pasó con la Muralla
que en el Barrio de Sevilla
nuestra historia recordaba?.


Este día, en el que la Asociación que represento, Amigos de Lora, se siente plenamente satisfecha y orgullosa de este acontecimiento, ha sido posible gracias a muchas personas que, desde el anonimato, las nuevas tecnologías (Miguel Molina Linares), o la actividad editorial (Colección Aceña de Poesía, Concejalía de Cultura), han venido manteniendo en valor su obra, pero sobre todo se ha debido a la iniciativa de uno de esos amigos del alma que en Lora tiene Juan Cervera, Rafael Carrillo Castilla, empeño que el Ayuntamiento con buen criterio y en buena hora asumió. Requiero por ello su presencia aquí, y que como premio a su entusiasmo, a este milagro, se tome la libertad de recitar a los loreños de bien, especialmente a los que sin nacer en Lora aman tanto a Lora como los que nacimos en ella, algunas de las loreñerías bordadas por nuestro ya inmortal poeta Juan Cervera, y que merecerían ser inscritas por su belleza en las mismas caras del pedestal de su busto.

Lora de la blanca cal, Lora de mis sueños niños
del clavel y el alhelí y el alma niña de jazmín

Lora de las nubes blancas Lora muchacha bonita
y el intenso cielo añil con aires de emperatriz

Lora de los naranjales Lora de mis fantasías
con corazón de jardín ¿quién dice que te perdí?

Lora de las amapolas Lora cada vez más mía,
con espíritu de anís más dentro y dentro de mi

Lora de los gorriones ¡Ay, Lora, Lora del Río,
con memoria de perdiz del río Guadalquivir!

El reconocimiento que hoy hacemos a Juan Cervera con este busto es gesto de un pueblo culto que conoce el don del agradecimiento y fomenta la iniciativa y el esfuerzo. Elogio al Ayuntamiento por haber hecho bien los deberes al respecto, y sobre todo por haber puesto con este acto, no sólo a nuestro universal poeta, sino también a Lora, poco acostumbrada a estos eventos, en el sitio que verdaderamente le corresponde, el de ser un pueblo agradecido y bien nacido, enmendando lo que en irónica metáfora es lamento
del poeta (Tiempo de Lora, p. 16):

-Esa florecilla humilde
que ha brotado en el tejado,
¿cómo se llama?
-No sé,
¡y no quiero averiguarlo!.

Esa humilde florecilla,
de los pétalos morados,
aroma el aire de Lora
y Lora no se ha enterado.


Mi admiración y elogio también al escultor, natural y vecino de Tocina, por su maestría, arte y generosidad. Ya tiene Germán Pérez de Vargas una obra en su pueblo hermano, Lora del Río, como era su deseo.


Gracias, Sr. Alcalde y Sres. Concejales, por haberme permitido participar en este acto y dirigir estas palabras, la mayoría de ellas inspiradas en el propio Juan Cervera, y que quiero concluir con otros versos del poeta, escritos hace más de 30 años (Agonía del Azúcar, p. 36), pero que recobran hoy la actualidad de este momento:

En la Fuente de la Mora,
¿quién dijo que Juan Cervera
solía allí perder las horas?

Juan Cervera sabe ahora
que no perdió ni un segundo
en la Fuente de la Mora.

HE DICHO